Karen Bruck: comunidad global

05/Mar/2015

El Observador, Revista Seisgrados, Por Natalia Correa

Karen Bruck: comunidad global

Aguada Park es una de las
tres zonas francas que existen en Montevideo, un complejo enorme que abarca
varias empresas entre las que se encuentra MercadoLibre. Al llegar, previa
entrega de mi documento, me dan una tarjeta que al pasar por el lector indicaba
el ascensor que debía tomar: C, piso 20.
Me siento a esperarla en unos pufs de colores azul y amarillo y a los
pocos minutos aparece con una sonrisa y me invita a pasar. Entramos a una sala
de reuniones, y aire acondicionado y café de por medio comenzamos la charla.
Ella estaba relajada, serena y con entusiasmo comenzó a relatar los hechos que
la llevaron al lugar en el que se encuentra hoy. Delimitando un perfil
Todo comenzó por una casualidad.
Su abuelo paterno llegó a Uruguay en el año 1939, en el último barco desde
Alemania antes de que se desatara la guerra. Dice que tenía pensado bajarse en
Paraguay pero, al no hablar español, escuchó y pensó que había llegado a
destino. Conoció a la que sería su abuela varios años después en la Nueva
Congregación Israelita, la comunidad de alemanes de origen judío en Uruguay.
Ella era sobreviviente de un campo de concentración (aunque nunca quiso hablar
del tema) y había llegado después de la guerra. Karen pertenece a esta
comunidad hasta el día de hoy y durante su infancia y adolescencia participó
activamente en Jazit, el centro judío juvenil. A los 16 años se convirtió en
líder de un grupo de niños para los que organizaba campamentos, actividades y
eventos. “Ya en esa época había que lidiar con temas problemáticos, hasta
políticos, de cómo organizar algo alineando a todo el mundo con un mismo
objetivo. El aprendizaje que te llevás de este tipo de experiencias es
increíble”, comenta Karen.
En Estados Unidos tuvo
que empezar de cero. El título en administración de empresas y su corta
experiencia laboral no le fueron de gran utilidad para conseguir trabajo en
aquel país. Empezó vendiendo cortinas, trabajando 10 horas por día, sin
descansar fines de semana ni feriados. A los 18 años viajó a Israel en el marco
de un programa para varios países de la región que incluía cinco meses en un
kibutz y cuatro en Jerusalén. “Desde muy chiquita estuve expuesta a otras
culturas, a otras nacionalidades, y eso te abre la cabeza. A los 18 años vivir
en un kibutz es lo mejor que te puede pasar”, expresa con alegría al recordar
esa experiencia. Trabajaba cuatro o cinco horas por día de voluntaria y el
resto del tiempo era para estar con sus amigos, aprender hebreo y viajar. “Nos
íbamos cada fin de semana a una ciudad diferente, de mochileros y sin un peso”.
En cuanto a los trabajos, le tocaron las tareas más disímiles: desde cocinar
hasta hacer tapitas para contenedores de jabón líquido en una fábrica de
plásticos y limpiar pieles de avestruz en el campo.
Elegir el camino
Al regresar a Uruguay,
siguió liderando el grupo de niños de Jazit y se enfrentó a la decisión de
elegir qué estudiar en los cuatro años siguientes. Aunque era una líder innata
y el mundo empresarial estaba en su sangre (su abuelo paterno tenía una empresa
de alfombras y su abuelo materno una de importación de maquinaria de
construcción), le costó un tiempo asumirlo. Finalmente, y luego de considerar
varias posibilidades, optó por estudiar administración de empresas en la
universidad ORT.
“Estaba en el centro del
mundo, en la universidad número uno del país. Permanentemente venía a hablar
gente que te daba vuelta la cabeza, los CEO de las mejores empresas. Hacíamos
competencias por 100 mil dólares, nos íbamos de viaje, nos invitaban a conocer
Google, Boeing, Microsoft y las mejores compañías. Fueron dos años de apertura
total de cabeza”
Mientras estudiaba
consiguió su primer trabajo como ejecutiva de cuentas en el call center del
Discount Bank. Fue una época difícil porque entró a trabajar en 2002 y a fines
de ese año se desató la crisis. Con tan solo 22 años, tuvo que lidiar con la
desesperación de la gente que llamaba llorando a reclamar por su dinero,
incluso de otros bancos. “Para ser tu primera experiencia laboral no tuviste
tanta suerte…”, le digo. Y me contesta: “Creo que al contrario, trabajar en el
Discount fue una gran universidad. Fue mi primer trabajo, me tocó un grupo
humano divino y una jefa con la que todavía estoy en contacto. Para estar en un
call center hay que saber un poco de todo y quién iba a decir que 10 años
después iba a tener que manejar un centro de atención al cliente acá en
MercadoLibre. Yo siempre digo que todo lo que hacés en la vida es como una
fichita del puzle que después va a encajar con otra”.
Aires nuevos
Después llegó el momento
de irse a Estados Unidos, no por motivación propia sino por amor. Su novio
Roberto (a quien conoció a los 17 años en Jazit) “siempre miró al norte” y en
2003 se fue a Boston a hacer un máster. En ese entonces, Karen se encontraba en
el último año de la carrera y no podía viajar, así que no sabían qué iba a
pasar con su relación. La beca Fullbright que él había obtenido le otorgaba a
ella el permiso para trabajar en Estados Unidos pero solo si estaban casados.
“Entonces a través de Skype tuvimos una conversación y Roberto me dijo: ‘Nos
casamos y te venís’. ‘Me estás pidiendo matrimonio, no entiendo…’, le contesté.
Y en enero de 2004 nos casamos por civil en Uruguay y yo me fui para allá en febrero”.

En Estados Unidos tuvo
que empezar de cero. El título en administración de empresas y su corta
experiencia laboral no le fueron de gran utilidad para conseguir trabajo en
aquel país. Empezó vendiendo cortinas, trabajando 10 horas por día, sin descansar
fines de semana ni feriados. Pero la suerte entró en juego cuando llegó a su
local un italiano que le ofreció ir a trabajar con él. “Cuando veo la tarjeta
me doy cuenta de que la empresa era Jasmine Sola, un local de moda que amaba y
que estaba en la mejor calle de Boston, como si fuera la Quinta avenida. Yo
lloraba, no podía creer, era como que había un sol que me seguía”, expresó
Karen y se le iluminó el rostro. Como sabía más de economía que de moda,
trabajaba como assistant buyer, haciendo controles de inventario, planificación
a largo plazo de lo que había que comprar, planificación de rebajas, etcétera.
El puesto se formalizó luego a senior merchandise analist. A pesar de tener
pocos lujos, para ella estos fueron “los años dorados”. Con su marido llevaban
la vida intelectual de la universidad en la que él estudiaba, tenían una barra
de amigos argentinos y uruguayos con los que vivían casi en comunidad, iban a
fiestas, eventos y viajaban a Nueva York algunos fines de semana.
Apostando al futuro
A pesar de llevar una
vida ideal, Karen aspiraba a más. Desde que llegó a Estados Unidos supo que iba
a hacer un máster y para enfocarse 100% en esto era necesario dejar de
trabajar. “El MBA (Maestría en Administración de Negocios) duraba dos años. Cuando
le dije a mi jefa que iba a dejar el trabajo para empezar a estudiar me dijo: ‘¿De qué vas a vivir? ¿Del
amor?’”, comenta y se ríe. La universidad costaba 45 mil dólares por año y
ofrecía préstamos a una tasa muy baja de interés dando por sentado que los
estudiantes conseguirían muy buenos puestos de trabajo que les iban a permitir
pagarlos.
“Para mí es muy
importante que el grupo humano con el que me relaciono sea un equipo del que
pueda aprender algo nuevo todos los días, y en MercadoLibre es así”Le pregunto
cómo fue la experiencia de estudiar en una de las mejores universidades de
Estados Unidos y me contesta: “Estaba en el centro del mundo, en una excelente
universidad. Entonces, permanentemente venía a hablar gente que te daba vuelta
la cabeza, los CEO de las mejores empresas. Hacíamos competencias por 100 mil
dólares, nos íbamos de viaje, nos invitaban a conocer Google, Boeing, Microsoft
y las mejores compañías. Fueron dos años de apertura total de cabeza. Compartí
clases y grupos con personas de todas partes del mundo y tenía contactos en
todas las empresas. Por ejemplo, en Uruguay me decían ‘Tenemos que ver a
alguien de Pinterest’ y yo conocía a alguien de ahí’”.
Nueva ciudad, nueva vida
Una vez finalizado el
máster, Karen estaba obsesionada con trabajar en la consultora Bain
Company y para lograrlo era conveniente mudarse a Atlanta debido a que Boston
era demasiado competitivo (por encontrarse allí la universidad). Esta vez le
tocó a su marido acompañarla en su sueño. En general los acontecimientos de su
vida se fueron dando por casualidad, pero entrar en la consultora fue lo
primero que planeó con anticipación. Aún no sabía a qué iba a dedicarse y creía
que esta experiencia le iba a dar las bases necesarias para su futuro. Los
primeros tres meses los hizo en Brasil porque no había proyectos en Atlanta.
“Comencé a trabajar en 2009, que fue la época en la que Estados Unidos estaba
en crisis, tengo esa suerte (risas)”. Me cuenta que en esos primeros tiempos la
exprimieron al máximo y que llegar a las 11 de la noche a su casa era un
placer. De todas maneras, afirma que aprendió muchísimo, fundamentalmente a
pensar estructuradamente, a tomar cualquier problema y buscarle rápidamente una
solución, aun sin tener experiencia en la materia.
El mundo del e-commerce
Poco después de cumplir
un año en la consultora, quedó embarazada de su primera hija y desde ese
momento supo que no iba a poder retomar el mismo ritmo de trabajo. Durante la
época del maternity leave (cada tanto mezcla expresiones de este tipo que
evidencian que continúa pensando en inglés) se enteró de que había un puesto
disponible en la parte de e-commerce de la empresa Home Depot. A pesar de no
tener experiencia en el rubro más que algunas compras en Amazon, se postuló sin
demasiadas expectativas y a la semana la llamaron para decirle que empezaba a
trabajar. Su puesto era manager de estrategia online y básicamente estaba
encargada de analizar las prioridades de la empresa y definir cómo se iba a
gastar el presupuesto en el área online. Estuvo allí dos años hasta que nació
su segunda hija y supo que era momento de regresar a su país. “La verdad es que
siempre quise volver y criar a mis hijas en Uruguay y que tuvieran una infancia
parecida a la que tuve, rodeadas de primos y amigos”, comenta Karen.
Ya antes de pensar en
volver, había recibido varias ofertas desde América Latina a través de Linkedin
para trabajar en e-commerce. Al haber tan pocas personas especializadas en este
rubro en el continente, sus conocimientos en estrategia online eran muy
valorados. Una de estas propuestas provino de una headhunter de MercadoLibre
Argentina. En su momento la rechazó, pero al volver una de las primeras cosas
que hizo fue contactarla para averiguar si había una oferta del estilo en el
país. Fue así que le ofrecieron el puesto de country manager en Uruguay.
Con la camiseta puesta
“La principal razón por
la que no dudé en aceptar la oferta es porque sentía una gran admiración por
todos los directores de MercadoLibre. Los tipos hace 15 años la vieron, la
hicieron y no les importó perder plata en su momento”, expresa Karen y en su
rostro se denota una real admiración. “Para mí es muy importante que el grupo
humano con el que me relaciono sea un equipo del que pueda aprender algo nuevo
todos los días, y en MercadoLibre es así”. Me cuenta que la compañía está
distribuida en forma horizontal, que no tiene jefes locales y que viaja cada
mes y medio a Argentina para reunirse con el directorio. La oficina de Uruguay,
al encontrarse en zona franca, se enmarca dentro de lo que se conoce como
Shared Services, brinda servicios a todos los países menos a Uruguay. A su vez,
las actividades de nuestro país se manejan desde Argentina y Brasil.
Actualmente, la empresa se encuentra en 12 países, la mayoría de Latinoamérica.
Empezó como startup en 1999 en Argentina como parte de un proyecto en el que
Marcos Galperin, CEO de la compañía, estaba trabajando junto a varios
compañeros para su MBA en Stanford, San Francisco. “Pensaron en grande desde el
primer día, y se dieron cuenta de que era fundamental abrir sucursales en la
mayor cantidad de lugares posibles. En e-commerce el principal asset que se
tiene es la cantidad de tráfico en el sitio. Es fundamental lograr ser ese
referente mediante el cual una persona en vez de entrar a Google a hacer una
búsqueda entre directamente a MercadoLibre”, afirma Karen.
Cultura de startup
A pesar de haber crecido
enormemente desde los inicios hasta la actualidad, MercadoLibre procura
mantener su cultura de startup. “Ninguno tiene oficina, ni el CEO. Yo me siento
en uno de estos asientos, al lado de los demás (me dice señalando a la hilera
de jóvenes que trabajan concentrados en sus computadoras). Nadie tiene
secretaria, yo me saco mis pasajes de avión”, afirma, y parece sentir orgullo
de eso. Comenta que le dan una gran importancia a todo lo que tenga que ver con
la cultura y que esta se basa en el “work hard, play hard”. Se les exige mucho
a los empleados pero también se espera que la pasen bien y se diviertan. El
trabajo es por objetivos y dinámico. Mientras que en Home Depot los deployments
(cambios en el sitio web) se realizaban cada mes y medio, en MercadoLibre se
realizan todos los días.
Además, se fomenta el
emprendedurismo dentro de la empresa. “Todas las ideas que tengo las menciono,
algunas las desarrollamos y otras no. Si tenés iniciativa podés hacer lo que
tengas ganas, siempre pensando en el bien de MercadoLibre”, dice Karen. A
propósito de esto, recuerda como su mayor hito la apertura de la oficina
comercial en Uruguay que se encuentra fuera de la zona franca de Aguada Park.
En uno de sus viajes a Buenos Aires, le planteó la propuesta a Marcos y él le
dijo que se lo firmaba ya mismo, que hacía cinco años que estaba esperando que
alguien abriera esta oficina. “Esto fue un voto de confianza alucinante, fue
como un golazo de media cancha”. Aquí actualmente se atiende al top 50 de los
vendedores de MercadoLibre Uruguay brindándoles estrategias para potenciar sus
ventas.
Mucho por recorrer
Con tan solo 34 años,
Karen dirige a las 450 personas que integran MercadoLibre Uruguay. A pesar de
su larga trayectoria en el mundo empresarial, su carrera recién comienza. Hacia
el final de la nota me comenta que logró tener un buen equilibrio entre su vida
laboral y personal, que se define como una persona positiva y que se imagina
trabajando en la empresa por muchos años más. “Una vez que entré en el mundo
del e-commerce siento que estoy en medio de uno de los segmentos económicos que
más va a crecer y donde está todo por hacerse. Me cuesta mucho bajarme de este
tren porque me apasiona. Entré por casualidad pero va a ser muy difícil que
salga de este rubro”.
Más innovaciones
Recientemente, se lanzó
una nueva estrategia B2C (Business-to-Consumer) denominada Tiendas Oficiales, a
través de la cual las marcas tienen la posibilidad de tener su propio sitio web
dentro de MercadoLibre. La intención es que a través de este mecanismo puedan
incrementar sus ventas y a la vez aprender más sobre los beneficios del e-commerce. A futuro se prevé implementar el
sistema de MercadoPago y MercadoEnvíos a través del cual el comprador va a
poder pagar directamente en el sitio y solicitar que se le envíe el producto a
su casa. “Lo que tenemos ahora es un producto que no cierra el ecosistema de la
compra online, eso es lo que nos falta”, expresa Karen.
El negocio No hay ningún
límite en cuanto a lo que se puede subir a la web de MercadoLibre, ni de tamaño
ni de cantidad, siempre y cuando respete los códigos de ética. La ganancia de
la empresa proviene, además de la publicidad en el sitio, de la comisión que
cobra por venta realizada (5% del precio del producto) y por las publicaciones.
Esta última es opcional, el usuario puede elegir publicar en forma gratuita o
pagar para que su producto suba en los listados. Por otro lado, está el negocio
de los clasificados que funciona en forma diferente, se cobra comisión por
publicación pero no por venta. De acuerdo a las cifras publicadas por el equipo
Radar de Agesic, MercadoLibre tiene actualmente entre el 44% y el 60% del
mercado.